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La hipertensión ocular se produce cuando la presión del ojo (conocida como presión intraocular) está por encima del rango considerado normal. Se diferencia del glaucoma, una enfermedad ocular más grave, en que no se producen cambios detectables en la visión, ni indicios de pérdida de campo visual ni daños en el nervio óptico. Los pacientes a los que se diagnostica hipertensión ocular tienen un riesgo mayor de desarrollar glaucoma.


¿Cuál es la causa de la hipertensión ocular?

La hipertensión ocular es consecuencia del drenaje insuficiente del humor acuoso (un líquido presente en el interior del ojo). Básicamente, esto significa que en el ojo entra demasiado líquido que no se drena y que causa un aumento de la presión en su interior.

Se produce sobre todo en personas con antecedentes familiares de hipertensión ocular, personas con miopía y personas con diabetes.


Síntomas de la hipertensión ocular

Como la hipertensión ocular no se manifiesta con ningún síntoma, es imposible que un paciente la detecte por sí solo. No obstante, si se realizan exámenes oculares periódicos, el profesional del cuidado de la visión podrá detectarla en una revisión rutinaria.

Durante un examen ocular ordinario se mide la presión intraocular utilizando un dispositivo llamado «tonómetro». Si se mide una presión elevada en dos ocasiones, el profesional puede diagnosticar la presencia de hipertensión ocular.


Tratamiento de la hipertensión ocular

Considerando que la hipertensión ocular puede aumentar el riesgo de glaucoma, se recomienda un control estricto y frecuente en las personas que la presentan.

Los textos anteriores tienen un objeto sólo informativo. Siempre consulte a su profesional de la salud visual.